Las aventuras de Efímera y Contingente

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El día que inventamos el arte

Efímera está sentada en el suelo, reposando la comida. Enfrente tiene una roca en la que el agua de la lluvia ha dejado marcas de óxido. Está a punto de quedarse dormida cuando sus ojos entrecerrados ven en las manchas una cara. Se levanta, se acerca a la roca y, fascinada por lo que ve, empieza a repasar con su dedo índice, tiznado por la ceniza de la hoguera, las líneas de la cara que cree ver. El resultado es que la cara que apenas intuía cada vez se muestra con más claridad. Efímera, perpleja, sigue dibujando, pero ahora con más intención.

Cerca está Contingente. Curioso, lleva rato observando las operaciones de Efímera. Contingente no ha visto la cara que ha visto Efímera: desde su posición las manchas de la roca no reproducen el mismo efecto figurativo. Sin embargo, sí que ve cómo el dedo de Efímera está sacando un rostro de la piedra. Afectado por un terror que podríamos tildar de cósmico, ve en su compañera un poder creador parecido al de los hacedores. Por fin, incapaz de mantener la tensión, llama al resto del grupo. Cuando llegan, todos guardan silencio mientras contemplan atónitos la performance de Efímera.

Encantada de ser el centro de atención, Efímera sigue con su obra, mientras desde el grupo se oyen manifestaciones de placer pero también, por qué no decirlo, de disgusto. 

Final A

El estatus de Efímera en el grupo cambia. Cuando los cazadores vuelven de sus correrías siempre le dan una buena tajada. Cuando los recolectores vuelven de sus recolecciones, siempre le ofrecen los mejores frutos. Ella, en correspondencia, se dedica a repasar cuantas figuras reconoce en las piedras, tarea en la que, poco a poco se va volviendo una experta gracias a un ojo cada vez más entrenado.

Final B

El descontento se impone al asombro o, más bien, se alimenta de él: el rostro que ha arrancado Efímera de las piedras es amenazante, malencarado y extraño. El grupo empieza a gruñir a coro, sincronizando su miedo. Rodean a Efímera, la arrastran hasta el barranco y la despeñan. 

Comentario

En el relato caben señalar tres elementos: el artista, la obra de arte y el espectador. Que llame artista a Efímera en un mundo tan sofisticado como el nuestro puede parecer una exageración, pero Efímera ya reunía todo lo que hace falta para serlo: curiosidad, mirada, dedos sucios y vanidad. Tener los dedos sucios es fundamental para ser artista, porque el artista tiene que alterar la realidad y para eso hay que pringarse. Y debe ser vanidoso, porque solo así compensa enfrentarse al escrutinio del público.

La historia de cómo Contingente encontró una raíz de mandrágora, creyó ver en ella un cuerpo humano y como quitando lo que sobraba se quedó con un muñequito con sus brazos y sus piernas es materia de otro relato.


Fuentes:

Última actualización: 3-10-2026


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Las aventuras de Efímera y Contingente
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